viernes, 28 de septiembre de 2007

¿Hoy qué hay de cenar?


Hoy, como nunca me he sentido feliz. Tan feliz que pudiese por todo el resto de mi vida pintar las hojas de los árboles una por una.

Y todo esto, porque al fin he encontrado el amor. Un amor que nace y suspira a tu lado en cada segundo, en cada momento y en cada partícula de mi ser.

Llenaste mi vida de delicia, como un experto chef que da a los comensales los mejores manjares que pudo encontrar alrededor del mundo. Un mundo lleno de exquisiteces y de sorpresas, de dulces y amargos, que juegan en el menú como el chocolate cuando se derrite en fondué de naranjas.

Todo en tí es dulce y sabroso, desde tus caricias hasta tus palabras, desde tu cuerpo hasta tu alma, desde tu pasado a tu presente. Sobretodo un presente que hoy vivo contigo, que se desparrama y ordena como frutillas sobre un helado de arándanos.

Disfruto ésta mesa como si fuese mi ultima comida; y aunque sé que no es la última sino la eterna, aún la como con cuidado; porque como todo banquete gourmet debo siempre dejar algo de hambre para no olvidarme de todo el sentimiento que ha puesto el chef para mi.

Pero hace poco me has servido de la mejor de las carnes, de aquellas que si no se disfrutan obligaría a no perdonarme toda la vida. Y aunque debo tener cuidado de no clavarme las espinas, sé que en ella existen, porque se encuentran cubiertas con salsa de piña, dulces y peligrosas pueden clavar directamente mi corazón.

Trato de olvidarlas, pero el tiempo dirá cuanto tiempo deben durar sobre el plato, porque el temor que tengo a que te vayas junto con ellas me es inevitable. Y sin darme cuenta he tragado una, que al momento estoy digiriendo con cuidado, pero requiere de todo mi cariño y paciencia para que no se vuelva mortal.

Y aunque ésta espina se vuelva la asesina de mi corazón, quiero que sepas antes que todo en ti me es maravilloso, que la mesa que tienes puesta para mi al desayuno me da el vigor que necesito para recordarte en cada momento. Que el almuerzo es el festival de deleites que me sirves con tus dulces palabras y amor. Y la cena, como olvidarla, si siempre está presente llena de comprensión, ternura y consuelo, para cobijarme junto a ti y susurrarte al oído lo mucho que te amo.

Es por eso que la cena nunca debe terminar, es el descanso al fin del día junto a ti, y es el momento en que recuerdo todos los momentos contigo. Los momentos en que nos miramos a los ojos y expresamos en la suave brisa el compromiso que establecimos antes de ser participes de esta merienda.

Te añoro en cada pasar del reloj, te ansio con sed en cada momento y aunque no te lo exprese, sabes que siempre estaré aquí para poder comenzar como el primer día y decirte que estoy muy enamorado de ti.

Nunca olvidemos que estamos juntos porque nuestro cariño es incondicional, porque sabemos que estamos construyendo plato a plato, momento a momento nuestro futuro juntos, y porque simplemente nos amamos.

Te extraño mucho, la distancia me lleva a el rincón de la mesa para dejarte nuevamente una nota junto al rojo candelabro, preguntandote hoy y todos los días ¿Hoy qué hay de cenar?

1 comentario:

Anónimo dijo...

SOLO TE PUEDO DECIR QUE TE AMO CADA MOMENTO UN POCO MAS